lunes, 22 de septiembre de 2008

Romance del bufón y la reina


(El Rey está en su trono, junto a su consejero)

Rey: ¡Juglares! ¡Bufones! ¡Esposa! ¡Alguien que me entretenga!

(aparece el bufón)

Bufón: Permítaseme, su majestad, ¿su merced requiere un cuento que venga a cuento?
R: Claro, un buen cuento siempre es bueno.
B: ¿Por qué la gallina cruzó el castillo?
R: Bufón, tu pregunta me deja anonadado: Hazme saber la respuesta pronto o haré que te corten la cabeza.
B: ¡Porque quería cruzar al otro lado!
R: ¿Me tomas por tonto? ¡Guardias!

(los guardias se llevan al bufón)

R: Consejero ¿anotaste la pregunta?
Consejero: Por supuesto, su majestad.
R: Bien, encárgale al monje que de con la respuesta.
C: Okeys.

(aparece la esposa)

Esposa: ¿Llamabas, esposo mío?
R: Sí, sí, esposa mía, un fuerte sentimiento de soledad me derriba. A tal razón busco una solución. Como fiel esposa ¿podrías proporcionarme una?
E: Eh... Puedo contarte un cuento que viene a cuento.
R: Lo cual encontraré muy satisfactorio, ya que el bufón no lo hizo.
E: ¿Qué sale de la cruza de un elefante y un mosquito?
R: Una buena pregunta a la cual no hallo buena respuesta. Por favor, otórgamela, esposa mía.
E: No lo sé, pero si te pica te va a doler.
R: ¿Es esto una amenaza? ¡Guardias, llévensela con el bufón!

(los guardias se llevan a la reina)

Y tú, consejero, has que el monje encuentre la respuesta a esa cruza. Que consiga un elefante y un mosquito si es necesario.
C: Okeys.

(aparece el juglar)

Juglar: ¿Llamaba, su majestad?
R: Sí, sí, buen juglar, pídote, soluciona mi aburrimiento con uno de tus hermosos romances. Y nada de preguntas ¿eh?
J: S-sí, sí.
Valiente Rey de esta tierra
que a los moros expulsó
sin dar caso a lluvia o tierra
expulsóles con su olor.

Rey justo, santo y valiente
aplacaba su dolor
deseábamos verle alegre
no temer su mal humor.

El rey buscaba respuestas
-respuestas no tengo yo-
ni el bufón, menos la reina
que al calabozo los mandó.

En plumas cruzó el castillo
¡la gallina lo cruzó!
Y al elefante y al mosquito
el buen monje los cruzó.

La buena reina encerrada
al bufón lo cautivó
no resistió verla apenada
y sobre ella se lanzó.

Ella lo tomó a buen grado
y a la idea se prendió-
Cada cascabel prendado
en buena armonía sonó.

Al bufón y reina siento
que el destino los cruzó
pero eso no viene a cuento
el cuento al rey no gustó.

R: ¡Guardias!

(los guardias prenden al juglar)

J: Parece que entré en un lío
con bufón y reina voy
espero entrar ahora en trío
mirar nunca me gustó.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Entrada a base de calvicie de ideas...

Qué tal? Hace semanas que no posteo, así que para que no se olvidaran de mí y despegaran todas mis fotos de sus paredes, les dejo una nueva entrada que, a falta de material nuevo, se basa en un cuento viejísimo, infantil, que una vez escribí para el Tintero, cuando trabajaba ahí...

Salú,

Joan



Carlitos y el alargador


La madre de Carlitos había vuelto del supermercado con, entre otras cosas, un cable alargador. Mientras se disponía a guardar todo lo que había comprado, le dijo a Carlitos:

—Carlitos, probá el cable alargador mientras yo guardo todo.

—¡En un segundo! —exclamó entusiasmado Carlitos.

Corrió hasta el cable alargador, sin saber siquiera lo que era. Y le pareció muy extraño. Era como el cable del televisor, la batidora o la computadora. Tenía una ficha con dos patitas para enchufar. Pero del otro lado, en vez de tener un televisor, una batidora o una computadora, tenía otra ficha, con agujeritos en vez de patitas.

—Curioso… —se dijo Carlitos— ¡Mamá! ¿Para qué querés que enchufe un cable que no tiene ni televisor, ni batidora, ni computadora en la otra punta?

—Mirá que sos salame, Carlitos —le dijo cansinamente su madre— ese cable se enchufa al cable del televisor, la batidora o la computadora con la ficha que tiene agujeritos, y con la otra que tiene patitas se enchufa a la corriente. Y así el cable es más largo. Por algo se llama cable alargador, salame...

Asintiendo penosamente, Carlitos fue a probar el cable. Lo probó con el televisor, la batidora y la computadora y con ninguna anduvo.

—¡No anda, má! —le gritó Carlitos a su madre— ¿qué hago?

—Pedile a los vecinos que lo prueben. Sino anda vamos a devolverlo.

Y Carlitos fue a lo de los vecinos. El primer vecino fue José Mancuerna, y era entrenador físico. Tomó el cable alargador de cada extremo con las dos manos y lo usó para saltar la cuerda. Luego de saltar impecablemente cincuenta y siete veces (ni una más, ni una menos) se lo devolvió a Carlitos con rostro sonriente.

—Funciona perfectamente —le dijo con ojos brillantes— ¿Podrías prestármelo de vez en cuando? ¡Es el mejor cable alargador que nunca he usado!

Carlitos luego fue con Abú Bombal y le pidió que probara el cable. Abú lo probó de la siguiente manera: Sacó una flauta enorme, se sentó a lo indio en el suelo, y comenzó a tocar. El cable alargador se comenzó a mover solo, y, para sorpresa de Carlitos, empezó a bailar la conga. Abú Bombal guardó la flauta, y le devolvió el cable alargador a Carlitos, con aire solemne.

—Realmente es unos cables alargador de excelentes calidad —le dijo a Carlitos, en el mejor castellano que pudo lograr— Úsalos con honor. Adiós y buena fortuna.

Y Carlitos volvió a su casa. Le informó a su madre que el cable alargador que había comprado era una verdadera ganga, y se fue a jugar, convencido de que su madre, en realidad, no tenía ni idea de qué era un cable alargador.

FIN

jueves, 4 de septiembre de 2008