miércoles, 18 de junio de 2008

Nuevo Look

Tal vez dure un solo día...



martes, 17 de junio de 2008

Fotos de la juntada Blogger!

http://www.flickr.com/photos/27762339@N07/

Una entrada giratoria

El viajero Cartaphilus fue inmortal. Vivió más de lo que debía y se dio cuenta de que por algo eso era inconcebible. Y luego de serlo todo quiso morir. Llegaría el momento en el que ni la lluvia podría despertarlo.

Luego de jugar con las armonías y encontrar bellezas que halagan al instinto, el paso siguiente es jugar con la disonancia. Las combinaciones de siete notas son muchísimas, y tras desechar la mayoría en nombre de la armonía, de sonidos que vibran como uno, se empiezan a rescatar sonidos que se oponen y chillan, en pos de creer que no se ha acabado.

La vida es una y corta, porque no por siempre se podrá jugar con algo nuevo. Todo será viejo y todo se habrá inventado algún día. Pero la muerte deja que se renueve un poco la cosa, y que en su turno, el nuevo que llegue disfrute, hasta que tenga que entregar su lugarcito al siguiente que venga.

Si todos moriremos algún día ¿vale la pena quejarnos de que no hacemos lo que queremos, o de que las armonías son viejas y las disonancias son feas?

Si hay que hacer algo para hacer nuestro a nuestro tiempo hagámoslo, pero golpear una cacerola no va a cambiar nada.

El matrimonio de site come de los cincuenta que nos gobierna para la mona sabe que hay oligarcas en el campo que se aprovechan del pueblo y tienen poder. Entonces el matrimonio se entera que aparece un nuevo consumo que le va a dar más poder todavía, y quiere hacer algo, no por el pueblo sinó porque esa rosca que se viene es muy buena para dejarla pasar. Entonces, por no dar nombres para que parezca que no es algo personal en contra de los oligarcas, se carga a los oligarcas Y a los pobres pequeños emprendedores que intentan vivir del campo. Eso genera odio de parte del pueblo y los oligarcas aprovechan para poner al pueblo en contra del matrimonio porque el matrimonio les quiso quitar la soja.

¿Somos boludos que nos metemos a luchar entre nosotros por un matrimonio infame y mentiroso, y por unos oligarcas mafiosos? ¿Luchamos porque tenemos hambre o porque queremos ser parte de algo?

Yo quiero luchar por el que tiene que vivir bajo un techo de lata. Por el que anda por el centro con una caja y todas sus pertenencias a cuestas, calentando una tetera en medio de la vereda de la San Martín, porque no tiene dónde quedarse. Yo quiero luchar por la dignidad de los que trabajan, y por los derechos que se le niegan.

En el puterío entre la pampa húmeda y los K no quiero tomar partido ni por uno ni por otro. Yo quiero que los dos se vayan al rincón y recuerden que viven por y gracias al pueblo. Y que jugando como juegan por más poder solo están destrozándonos y dejando un país inviable.

Y todos se pelean por partidismos...

Salud,
Joan

domingo, 15 de junio de 2008

Plim!

Creo que les venía debiendo una nueva entrada desde hace unos días... Bueno, verán. Con presión suele hacerse difícil escribir, y estos últimos días han sido a puro nervio por aquí. Estoy en un condenado vilo sin saber qué cuernos va a pasar con mi trabajo. En la ignomia total esperando algún dato para saber qué cuernos es de mi salud. En una cosmogonía social sin saber por qué se me hace más difícil que nunca relacionarme con la gente. Y por si fuera poco... con el frío no me da ganas de teclear :P

Bien. ¿Qué tengo para contar? Vengo de dibujar en un cumpleaños de quince y debo decir que me gané el pago. Más que conforme quedaron todos con mi trabajo, pero, sobre todo, yo me quedé absolutamente satisfecho. Aunque, eso sí, creo que me estoy mereciendo unas buenas horas de sueño. La juntada de bloggers me desequilibró los horarios, a tal punto que me parece normal estar escribiendo una entrada a las seis y cuarenta y tres de la mañana después de no haber dormido en toda la noche. Y haber dormido toda la mañana y la siesta me dejó los huesos bastante resentidos.

¡Pero en fin! Haber ganado docientos pesos en una noche me devuelve el ánimo, y la juntada de los bloggers estuvo muy buena. Conocí gente muy copada, me divertí bastante y hasta creo que, en algún momento, me reí.

Y podría hacer una semblanza más justa para una noche tan genial como la del viernes, con gente tan simpática, pero hasta acá me llegó el combustible: si escribo más me quedo dormido en este condenado cyber que me protege de la dura y fría madrugada.

¡Así que adéu!

Y salú,
Jota

jueves, 12 de junio de 2008

Trabajo práctico para la facu...

El profesor de comprensión lectora, un individuo muy irregular en una etapa post-hippie, que se ríe muy fuerte y si lo mirás fijo se pone nervioso, nos hizo leer un cuento de Roberto Alrt, "Una noche terrible" para ver si con tan complicada prosa podíamos entender la trama.

Bien, yo pude, otros dos o tres también, pero la mayoría del curso se asustó al ver muchas letritas juntas y se entregó al jolgorio en tiempo de clases.

Hacia la mitad de la clase, el profesor encomendó redactar un cuento corto que prosiguiera desde el final del cuento de este señor Arlt. Para el final, yo tenía este escrito pero no me lo aceptó porque hay que presentarlo en computadora. Hay que ver si cuando lo lee le gusta, o encuentra en él un delirio paranoico y se tira por la ventana...

He aquí mi cuento, redactado en veinte minutos:

Ricardo camino al registro civil

La luz entraba sucia, a través de las pequeñas y mugrientas ventanas de las oficinas del registro civil. El sol no se atrevía a entrar de lleno, pero los pequeños hilitos de cobre que se colaban entre las manchas de hollín de las ventanas, le quemaba los ojos. Ricardo no había dormido prácticamente en toda la noche.

Le parecía irreal la imagen de Julia. Allí estaba: Feliz, radiante, altiva, a su lado. Después de las largas y horribles conjeturas que experimentó dentro de su mente, en las horas más oscuras, no podía concebir que todas esas personas que tenía a su alrededor estuvieran allí, mirándolo sonrientes. Toda esa noche había imaginado cómo sería la situación. Cómo tomaría Julia cuando él no se presentase esa mañana tan importante. Cómo lo tomarían sus familiares. Cómo lo tomaría la sociedad. Sería como haber cometido un crimen.

Después de haber pasado toda la noche en vela para encontrar todas las justificaciones posibles para su fechoría, no lograba entender qué hacía allí, a punto de casarse. Ya iba camino al andén, a su autoexilio, cuando el súbito recuerdo de los regalos, -los felices regalos de boda, que a su manera proyectaban todo un futuro- lo hizo devolverse al punto de partida. Y elegió la opción descartada.

Y ahí estaba.

Allí, en el registro civil, lo recibió Julia, que no daba en sí de alegría, y su familia –y el amigo boxeador- que no parecían entender por qué el recién llegado tenía el semblante de un cadáver. Bueno, una noche entera sin dormir, y la enferma tortura de intentar correr hacia el abismo de su inmensa fechoría, justificaban ese aspecto perfectamente… pero él no podía contárselos… Ni siquiera en broma.

Luego de esa noche, Ricardo ya no confiaba. No confiaba en Julia, presunta virgen. Estaba resentido con el hermano y el amigo boxeador, porque él sabía que, de no ir, lo hubieran buscado para matarlo, con un revólver automático calibre cuarenta y cinco. La madre siempre fue un factor de alerta. Y los hipócritas del registro civil… ¡bien que pensaban hablar mal de él!

En su mente cansada estas variables se acentuaban cada vez más. Pero ya no tenía oportunidad de huir… Si se hubiera sentado a pensar un segundo más, tal vez habría pensado en qué medio había decidido vivir. Pero no… él… pensando en los regalos…

-¡No voy a firmar!

Escuchó la voz y la sintió venir de muy lejos, a pesar de que había salido de su boca.

-No voy a firmar –repitió – No puedo vivir entre personas que no me fían –continuó, mirando con severidad a la concurrencia, que le devolvía la mirada atónita – y no pienso seguir un segundo más entre ustedes… Adiós.

Y se dirigió a la puerta, tirando la lapicera al piso, mientras le daba la espalda a Julia.

Ya sentía el alivio de su resolución cuando un fuerte golpe lo tiró al suelo. Sintió el ardor y el torso humear… Había olvidado el revólver calibre cuarenta y cinco del hermano.

FIN

martes, 10 de junio de 2008

Imperdible

Este test que les dejo acá es verdaderamente un cago de risa, favor de hacer click en el link a continuación, rellenar el formulario y reírse a carcajadas y horcajadas del resultado que les va a mostrar!!!

http://www.lovecalculator.es/quiz/es/3470260/free

Espero que poner estos jueguitos tontos no mine mi credibilidad entre ustedes :P

Salú!
Joan

lunes, 9 de junio de 2008

Noche de sábado, en el bar, con mi mejor amigo y... Félix!

Sábado, doce y cuarto de la noche, Sumística, Salta y Lavalle, en el centro de Mendoza, yo en la puerta preguntando por quién tocaba esa noche y cuánto salía.
"Toca Cambalache y B (complétese con el nombre de la banda cuando me la acuerde), sale seis pesos la entrada y la primer banda es tipo redondos" fue el mensaje que le envié a mi amigo que venía en camino.
"Andá entrando, pagá las dos entradas y yo después te pago".
"No, entro y pago mi entrada y vos cuando llegás pagás la tuya... ¡No creo que te crean si llegás y decís 'no, mi amigo adentro tiene mi entrada' ".
En fin. Entro al bar, pago mi entrada, y me siento en una mesita destartalada que estaba vacía, al lado de lo que parecía ser una turbina de avión que simulaba una estufa, con una enorme flama que iba en contra de todas las leyes de cuidado en un bar.
Espero.
Empieza a tocar la tan mentada banda Cambalache. Definitivamente no eran como los redondos. Definitivamente eran bastante truchos. Eran de esas bandas primerizas que meten todos los sonidos uno encima del otro y no se fijan en componer dejando un espacio a cada sonido.
Mi amigo llega un rato después, paga la entrada, nos saludamos y se sienta al lado mío. Mientras no llegaba, yo me había bajado una coca, por eso, cuando se sentó, yo me levanté para ir al baño. "Fijate si hay una mesa más para allá, ya que vas, porque desde esta no se ve nada." me dice mi amigo.
En el baño (un pequeño recinto con un inodoro tradicional, y un urinario pegado al lado, muy cerca) habían dos tipos usándolo. Yo estaba esperando a que salieran los dos, y llega un tipo con un ENORME Y FEO GRANO EN EL LABIO, a esperar también. Salen los dos tipos y yo entro rápido y cierro la puerta. Estaba abriendo la compuerta de mi cañoncito, cuando el tipo del ENORME Y FEO GRANO EN EL LABIO se metió para aprovechar que había otro migitorio. ¡Se metió en el mismo baño que yo! Tuve que esperar que saliera para hacer algo, porque -maldita inhibición- no puedo deshacerme de los líquidos que están de más si hay alguien cerca mío.

Volví, y en el camino vi que había un tipo pequeño con pinta de bonachón sentado solo en una mesa que bien podía albergar a tres personas. Llegué a mi mesa y le dije a mi amigo que fuéramos, que había una mesa más allá. Cuando llegamos, me acerco al tipo con cara de bonachón, que debía tener unos treinti muchos se estaba tomando una cerveza en solitario, y le pregunto de caradura si nos podemos sentar con él. Dice que sí, y mi amigo y yo procedemos.
Mi amigo le empieza a dar charla, y yo sigo en la mía viendo a la banda, metiendo una frase de cuando en vez. Mi amigo le pregunta "¿Y usted de dónde lo conoce al Joan? ¿de la plaza?", "No, no lo conozco"...
Mi amigo me mira con cara de absoluta sorpresa y se empieza a cagar de la risa. Félix, que así se llamaba el señor de facciones bolivianas y gesto bonachón, se empezó a reír también, y yo, con cara de ingenuidad dije "¿qué tiene?, podemos compartir la mesa con un desconocido, no?". "Obvio" dice Félix, "si acá no es uno de esos bares donde te quieren pegar los vagos si los mirás fijo..."
Así que ahí nos quedamos, compartiendo la mesa con Félix. Después una cerveza, maníes y después una pizza. Félix, para equilibrar, se compró unas papafritas superpicantes (que yo no pude comer por prohibición médica) y otra cerveza (que se supone que tampoco debo poder tomar pero que tomé igual). Se le quejan a la moza -muy bonita, por cierto- de que ellos no le habían pedido tanto picante.
Se sube la segunda banda, B, con unos intrumentos tan finos que no sé por qué no los tocaban con guantes de seda. Unos parlantes enormísimos, pedaleras, guitarras, bajo y batería de lo mejorcito, micrófonos que superan el sonido natural... O sea, no es algo que se compra con lo que uno tiene en el bolsillo.
Tocan el primer tema. Son buenos, tienen calidad... pero menos onda que chupar el caparazón de una tortuga. Efectos grosísimos, sonido espectacular, pero nada más.
Me levanto para ir por segunda vez al baño. Llego y espero. Llega ¡de nuevo! el tipo del ENORME Y FEO GRANO EN EL LABIO. Entro y el tipo entra después que yo. Desenfundo... pero no puedo... Me enojo, me lavo las manos y me voy.
Vuelvo, le cuento al Manu de lo ocurrido y se ríe, para comentar después que lo que le gusta del lugar es que lo dejan reclinarse en la silla. Empezamos a hablar de la banda que queremos formar, de los estilos que queremos meter, y que vamos a empezar como guitarra y bajo nada más, en acústico y valiéndonos de nuestras pobre voces. Félix cuenta que tiene una eléctrica de cuatro pastillas y Manu de su voto para incluirlo en la banda. Yo lo dejo en veremos porque ya tengo un guitarrista grosísimo en mente, que además sabe bocha de música.
Vuelvo al baño (recordarán que la vez anterior no hice nada) y entro y empiezo con lo mío. A mitad de la descarga ¿quién entra? ¡El tipo del ENORME Y FEO GRANO EN EL LABIO! Harto, me subo los lienzos, conciente de que no va a salir nada más por más que lo intente, y me lavo las manos y me voy.
La banda sigue tocando, mientras Manu se atraganta con las papas excesivamente picantes (que yo miro con tristeza) y luego cuenta que cuando venía casi lo asaltan (esta vez de verdad!) pero que evadió a los chorros con astucia. Sigue tocando la banda y nos aburre cada vez más. Me dedico a hacerle ojitos a la moza cada vez que pasa. Ella opta por mirar a otro lado cada vez que pasa. Charlo un poco más con el Manu sobre los posibles nombres de la banda. "Turbina de plástico" y "Pagamos la papa" son los más tentadores, después de "Soda Cáustica" que a él no le gusta.
El líder de la banda aburrida dice estupideces desde el escenario queriendo hacerse el gracioso. Me dan ganas de golpearlo y desde entonces la parte A -Joan- llama a la parte B -el líder de la banda- "el idiota". Manu, me llama la atención, y miro hacia Félix, que duerme con su bonachona cara apoyada por el mentón en su prominente barriga. Nos reímos en silencio y seguimos cruzando los dedos para que el idiota anuncie la última canción.
Voy por cuarta vez al baño y, por fin, orino como Dios (o el ente que elijan) manda.
Para el último anestesiazo de la banda del idiota, la segunda guitarra y el bajo prenden luces (pésimo gusto!) y al final explotan unas bombitas de papel picado. ¡Mansa producción para esa aburrición pastosa!
Los del bar sacan un proyector y ponen videos de Sex Pistol y Manu me cuenta que son los padres ingleses del punk. Félix sigue dormido. Nos vamos aburriendo cada vez más y el Manu empieza a adormecerse por la cerveza. Le digo de irnos a lis fichines. "Son muy jodidos a esta hora (3:45 am)" es su respuesta. "¡Vamos a mi casa!" le digo, "ahí tengo dos guitarras". Manu me recuerda que ya no pasan micros, y cuando le digo de tomar un taxi se niega por considerarlo muy cara.
¡A pata!
Nos ataviamos nuestras camperas, nos despedimos de Félix (despertándolo), pagamos lo que falta, y Manu me detiene de dejar propina diciéndome al oído "no, que se la va a dejar Félix".
Emprendemos el trayecto desde el centro a mi casa en Guaymallén.
Far far away.
Como hora y media de viaje a pata. Charlamos de los asuntos de la banda que aún no existe. Nos reímos de las ocurrencias de Félix. Pasan tres señoritas muy turgentes, y nos admiramos de sus volúmenes, pero instantáneamente, por el grito de una, pasamos de la sorpresa al horror al notar que eran travestis muy disimulados. ¡Por suerte no somos del tipo canchero que sale al levante de lo que encuentra! Me alegré de ser el tipo tímido que solo se arriesga con chicas agradables y con dignidad, y en lugares conocidos, sinó qué papelón para psiquiatras.
Manu toca varios timbres. Lo reto. Después luchamos usando de sable dos tubos de cartón, que se desarman y quedan como nunchacus, y al final se rompen enteros.
Seguimos charlando y especulamos con que mi hermano va a estar en casa con alguna señorita aprovechando mi ausencia, y que me va a odiar por volver a mitad de la nocturna. Volvemos a hablar de la banda y los temas que vamos a ver cuando lleguemos y agarremos las dos guitarras mías.
Manu se queja de lo lejos que queda mi casa.
Queda menos y nos ponemos a hablar de una vieja novia del Manu, que lo dejó por ser muy "bueno" y muy "pegote" y que ahora anda con un tipo que la trata remal pero que a ella debe parecerle todo un hombre. Yo ya no le tengo tanta simpatía como antes le tenía y Manu, muy bueno como siempre, dice que él querría que hubiera continuado la cosa con ella.
Tatatá y tatatá, llegamos nomás. En mi casa está mi hermano dibujando con la estufa al mango. Nos ve y se manda para su pieza, cortésmente molesto. Con el Manu tocamos unos dos temas por la mitad... ¡y se echa a dormir en el sillón de mi casa! Me resigno y me voy a dormir yo también.
A las ocho me despierta para que le abra. Y ahí nos despedimos, y yo, al fin, doy por terminada esa curiosa pero simpática noche de sábado.

FIN