lunes, 2 de junio de 2008

Miedo impalpable, como el azúcar...

El sábado me había despertado a las cuatro de la tarde. ¿Increíble? Créalo. Puede ser que el condenado cielo estaba tan sólido y plomizo que no me daba la idea del día, o bien que había pasado una pésima noche sin poder dormir, presa de las elucubraciones más tendenciosas y menos lógicas sobre el amor y otras de esas sandeces tan glorificadas. En fin, la cuestión es que mi día comenzó tarde y extraño, no como un día cualquiera, no como un día reconocible.

Me pegué un grato baño bien caliente y bien rápido, pensando en lo tarde que llegaría a la plaza (los sábados hago caricaturas en la plaza central de mi provincia, Mendoza) y empecé a preparar las cosas. A eso de las cinco tenía todo listo, y ya me había acorazado lo suficiente como para que el frío no me quebrara, pero, antes de salir, mi hermana me dice "qué, no comés?".

"¿No comieron ya ustedes?", fue la pregunta instantánea que salió de mi boca tanto como hubiera salido de la de cualquiera. Por lo visto yo no era el único confundido por ese día tan antinatural y opaco. "La comida está en un rato" se me dijo tras serme cuasi explicado el retraso, y bien, yo me quedé porque tenía hambre.

¡En fin! Terminé saliendo de casa a las seis y cuarenta, y esperé el colectivo una hora o más -oh, condenada poca frecuencia de fin de semana!-. La cuestión es que llegué a la plaza a las ocho o poco más. Obviamente no dejaba de dudar si armar o no, puesto que el resto de los artesanos huían por la derecha. Así que resolví quedarme charlando un buen rato con uno de ellos, con el que me llevo particularmente bien, y que estaba desarmando su puesto (de duendes de cerámica en frío) hasta las nueve. Ahí hice el amago de armar mi puesto pero ¡plaf! Apenas conecté el foco... se quemó. Dicho estaba, ese día no iba a armar.

Charlé un rato más y luego me fui a deshielarme al cyber -en la plaza como que el frío de la intemperie me maltrataba- donde charlé un tanto con algunas gentes simpáticas con un msn de por medio, y mientras, le mandaba mensajes a mi mejor amigo para que nos juntáramos a las doce de la noche en un bar que me gusta mucho.

Dicho, me fui a mi casa (por suerte el micro de vuelta fue más considerado en la espera) y ahí dejé todas mis cargas importantes, para volver a salir, desprovisto de toda cosa de valor, excepto algo de plata para pagar lo que tomáramos.

Llegué al lugar a las doce y cinco, y me encontré con algo que mi idiotez ya habituada me impidió considerar. En el bar estaban tocando unas bandas, y la entrada salía veinte pesos. Eso o quedarme afuera, en las mesitas de la vereda. Habiendo convocado a mi amigo ahí -que dijo que caería a las y cuarto- me tuve que quedar a esperarlo.

Se hicieron las y media. Le mandé un mensaje recordándole la dirección del lugar. No contestó. Borrachos y pibas berretas intentaban colársele a un patovica más bueno que el pan. Pedí una coca a una moza muy bonita y amable. Un drogado hecho mierda intentó robarme -en cámara lenta- la botellita de coca, y se fue muy ofuscado al ver que -a lo que le debió parecer la velocidad de la luz- retiré la botella de la mesa y lo miré con cara de pocos amigos. No me acordaba que en la parte de afuera del bar hubiera gente tan dejada de sí misma.

Se hizo la una. Mi amigo no venía y yo le mandé otro mensaje preguntándole por eso. No contestó. Un borracho infame con su mujer barata y bebé descuidado brabuconeaban al patovica para entrar, y este, con toda amabilidad, les contestaba que debían pagar para entrar, mientras yo pensaba lo desagradable de traer un bebé a un bar de pibes.

Se hizo la una media, y yo, tras charlar con un pibe que no veía hace años y me encontré ahí, decidí llamar a mi amigo. El teléfono me pasó directamente con la casilla de mensajes.

¡Horror! ¿Qué quería decir esto? Sumando la tardanza, el hecho de que no contestara los mensajes, y que el teléfono estuviera apagado, se me vino encima la inferencia más aterradora: ¡Que habían asaltado a mi mejor amigo! Al borde de la desesperación no dejaba de temer si lo hubieran golpeado o, peor, matado. ¡Todo porque yo lo llamé para que viniera! ¿Qué clase de amigo arriesga a su mejor amigo a altas horas de la noche? Mi mente era un febril masacote de las peores elucubraciones. ¿Dónde estaría ahora mi mejor amigo? ¿En qué estado estaría? ¿Habría forma de ir a buscarlo? ¿Estaría sano?

Ya estaba a punto de mandarme hacia alguna comisaría -sin plena confianza en qué traería tal acción- cuando llega, corriendo y bastante agitado, el Manu, mi mejor amigo, diciéndome que lo habían retrasado en su trabajo.

El resto de la noche la pasamos rebien, y yo no dejaba de respirar aliviado, contento, más que nunca, de tener a mi mejor amigo...

Salú!
Joan

11 comentarios:

Onirica dijo...

La situaciones extremas nos mueven a filosofar.....

Joan dijo...

Los filósofos movidos nos situan a extremar...

Onirica dijo...

tarado! jajajajaja te quiero!

Mónica G dijo...

Qué considerado. Yo a las 12.20 me habría ido indignada.

Mónica G dijo...

Haces caricaturas?? Me haces una??
Ya sé que es negocio. Cuando vaya a Argentina te pago (fiu fiu)

Onirica dijo...

no puede monica g., todavia me debe un trabajillo a mi!!!! ya va a ver lo que le espera si no lo hace...

Joan dijo...

Mónica G.: No me fui indignado porque sé que mi amigo nunca haría algo de desconsiderado ni de mala leche.
Y lo de la caricatura, prefiero hacerlas en persona... (y eso del "fiu fiu" yo también lo uso, con la siguiente aclaración "(onomatopeya de silbido)")

Onírica: No se ponga en tesitura de celosa violenta... o si lo hace, complétela con la pelea en lodo...

¿Para qué empezar algo si no lo vas a terminar? ;)

Mónica G dijo...

Changos, me demoraré un tiempo en ir allá, aunque siempre he querido (eso suena a sueño de quinceañera, no lo deseo con tanta fuerza, sólo que me gustan los argentinos por alguna razón, y el tango y quiero probar el mate) pero bueno :(
cuando vaya tendré unos 20 kilos de más y unas arrugas, ya para qué caricatura :(

Mónica G dijo...

Ah el fiu fiu en mi diccionario de alaridos es un muñequito silbando, mirando hacia arriba (un, "no me miren a mí, yo no sé nada")

capitanfla dijo...

Bueno, pero fue una sucesión de hechos bochornosos que ha salido bien.

Joan dijo...

Mire usted si me quedaba sin mi mejor amigo... qué mal me hubiera sabido la coca que tomé!