jueves, 25 de noviembre de 2010

Cosas


jueves, 18 de marzo de 2010

Dibujos nuevos





jueves, 29 de octubre de 2009

Consideraciones escatológicas

¿Puede usted, oh, amable lector, imaginarse peor horror matinal que despertarse -cara a cara- con un sorete en su almohada? Imagínelo bien, despertarse del más cándido sueño, percibir cierto curioso aroma, y abrir los ojos, justo para encontrar aquello que ni en su peor pesadilla esperaría encontrar compartiendo su almohada.
No, no se preocupen, no me ha ocurrido. Si me hubiese ocurrido probablemente hubiera terminado cuadrapléjico del asco. Y de ahí viene el quid del asunto, el porqué de esta nota. ¿Podría decirme usted, oh, decente humano, por qué razón, motivo o circunstancia le provoca taaanto asco la idea de despertar, abrir los ojos, y encontrar un sorete a un pulgar de su nariz? ¿Por qué le provoca tanta repulsión, a usted, individuo decente y cristiano, el percibir tras sus sentidos las notorias cualidades de una buena mierda -tanto su textura gratinada, como su color tan característico o su contextura de haber sido amasado durante horas? ¡Respóndame por qué! Si esa mierda horas antes estuvo en perfecta comunión con nuestro organismo durante la absorción de sus nutrientes. O, teniendo una regresión más profunda aún, puede ver a ese sorete que flota inerte en el otrora impoluto inodoro, como la deliciosa lasagna que devoró más temprano con afán religioso, mientras felicitaba a su vieja y se relamía los dedos por ella (por la lasagna, no por su vieja).
¿Imaginó usted acaso al comerse esa maravillosa explosión de papilas gustativas, que horas después se convertiría en un sorete? ¿Lo imaginó cuando le aceptó esa porción de tentadora pastafrola a su tía, y la devoró con placer casi sexual? ¿O cuando fue a comer helado con su pareja hablando de amor eterno? ¿Imaginó que todo terminaría en un sorete?
Pero no, no se preocupe, amable lector. Esa deliciosa porción de pizza especial cuatro estaciones que tiene en la mano no se convertirá en un sorete mientras la tiene en la mano, ni menos aún mientras la muerde. Es necesario para que eso ocurra el accionar de nuestros intestinos. Quiéralo o no, tiene usted una fábrica de mierda adentro. Así como lo ve, la comida de hoy, será siempre el sorete de mañana... O de pasado. O pasado pasado, dependiendo siempre de nuestra capacidad metabólica, o de nuestras costumbres diarias... Las mujeres que viven en country van al baño una vez por semana.
Y ahora yo le pregunto: ¿comería usted con tanta satisfacción, con ese placer casi sexual, el asado del domingo si supiera que se va a convertir en un sorete? ¿Se volvería loco por un asado de tira si se pone a pensar en la performance del ulterior sorete que saldrá en consecuencia? ¿Si imagina usted disfrutar ese asado si mientras lo come siente ese olorcito a sorete que anuncia el bombardeo de topos submarinos, mientras usted hace toda la fuerza posible para liquidar el asunto antes de que terminen las propagandas de Talento Argentino? ¿Piensa al comer un delicioso flan con dulce de leche, en el sorete que horas más tarde verá girar sobre su eje en las turbias aguas del inodoro, como indeciso por saber si quedarse o irse por el caño, a reunirse con sus compañeros soretes en soretelandia? ¿Acaso se lo imagina? ¿Acaso disfrutaría su comida con esas consideraciones escatológicas?
Pues bien, todo esto nos deja una importante moraleja: Nunca coma más de lo que pueda cagar.

Joan M. Machado

martes, 25 de noviembre de 2008

martes, 4 de noviembre de 2008

Borrachos y guitarra...

(O "Para Apolo, de Dionisio, con amor")

A continuación, se glosarán situaciones en las que me he visto afectado por la borrachez ajena mientras ejecuto música en un lugar público. Bien se sabe que soy un irrefrenable "ejecutor de la música" de la vía pública mendocina. Hasta hay quienes me dirían "verdugo de la música".


El último hippie


Hace algunas semanas estando yo a pleno tocar la guitarra en la plaza Independencia, al lado de mi puesto de caricaturas (CHIVO: de miércoles a sábados de cinco de la tarde en adelante) se me acerca un señor (decirle señor es una cortesía) que parecía una especie de mix entre Pappo y Maradona, con un fuerte olor a jugo de uva fermentado, por no decir vino.
Después de hacer su entrada a escena con su curiosa facha y su pasodoble discordante, se acerca anunciando que "las guitarras son como un imán para mí". Con mi mejor cara de tolerancia amistosa a los más curiosos desperfectos de la naturaleza, le respondí con un elegante "Ou!" (expresión que, en concepto, vendría a ser lo mismo que "Ah!", o bien "Oh"; "Ajá"; "Bueno!" y otras tantas).
Satisfecho con mi muestra de conformidad a su discurso, aquel señor aromáticamente etílico se sentó a mi lado y comenzó a pedirme temas. Como bien se sabe suelo ser bastante negado a tocar los temas que otros me piden, porque prefiero cantar los que sé más o menos bien, y así torturar lo menos posible a la concurrencia. Y así fue que canté "todas las hojas son del viento".
¡Hubieran ustedes imaginado la terrible alegría que le agarró a ese señor! Comenzó a contarme anécdotas de cuando escuchaba Pescado Rabioso y que él había ido a la presentación de Artaud, y etc etc. De ahí se disparó a que el era un hippie y había conocido a todos los hippies de Mendoza, e incluso explicó una curiosa teoría por la cual él que era amigo de un tipo muy pudiente se convertía en tipo muy pudiente porque todo era de todos y entonces él "era importante porque se juntaba con" el otro. También habló de la represión y de los policías lo golpeaban por tener porros. Y de que hoy por hoy aún se esconde los porros en la orilla del pantalón por temor a los milicos: por más que ellos ya no lo molestan, según dice, lo hace porque está traumado.
Pidió la guitarra y yo, con el buen humor que me agarra cuando escucho algo imposiblemente pavo, se la presté, olvidándome de toda precaución social. Adivinarán, entonces, que hizo lo peor que uno podía llegar a imaginar y que no pude hacer nada para detenerlo: se puso a tocar.
Tocó una curiosa canción compuesta por él -ecológica- que poco se entendía y se repetía mucho, y que él explicó repitiendo innumerables veces la palabra "parodia"... y tampoco entendí nada.
Finalmente, luego de tocar otra canción suya, también ecológica, que denominó como regaee (mi oído francamente no le creyó) se fue, anunciándome que, ese día, yo había conocido a alguien muy importante: EL ÚLTIMO HIPPIE.

El payaso chinchudo

Me encontraba yo en la parada de micro de la plaza Independencia esperando el 102. Como suelo hacer cada vez que tengo la guitarra encima y espero el 102, me puse a tocar, aprovechando que la parada estaba desierta. Creo que Durazno Sangrado estaba tocando, cuando apareció uno de los payasos que suele ofrecer globos a los niños en la Av. San Martin (y que los pobres niños, pobrecitos, se asustan al verlos). Se quedó un rato viéndome con la mirada absorta y perdida mientras yo tocaba y luego se sentó a mi lado y siguió mirándome, como si no pudiera creer lo que veía.
Tras dos canciones (recuerdo que sufría yo porque me estaba costando mucho cantar y no lograba articular bien los tonos) me dice algo así como "puedo hacer por vos? necesitás algo?". Perplejo, me quedé mirándolo con la mejor cara de signo de pregunta que me pudo salir, y entonces él replicó "quieres una moneda, un billete?"...
"No, no, señor, no toco por plata"...
GRAN SILENCIO! La perplejidad inundó su rostro como nunca hube visto en otro ser humano. Realmente, ese hombre no podía entender lo que acababa de decirle.
"Có-- cómo es eso?". Me encongí de hombros, porque no veía respuesta alguna que sirviera, y entonces él continuó: "no vives del aire! no puedes tocar porque sí! te tiene que dar plata!".
"Eh... no, señor, yo toco solo porque me gusta".
"Eres millonario?"
"No."
"Y? ... Y? ..." ¡Realmente el tipo no podía comprender! "NO PUEDES VIVIR DEL AIRE! ... Yo sí, vivo del aire porque hago globos -esto dicho no como chiste, sinó con toda la seriead- y los aviadores... también viven del aire -siguiendo así con toda la seriedad, enumeró cuarenta profesiones que viven del aire...
Como media hora llevó dejarle en claro que el que yo pudiera estar enfrascado en un entretenimiento plenamente lúdico y sin fines de lucro, pero que al mismo tiempo tuviera trabajo y ganara mi sustento dignamente.
Cuando por fin lo entendió, me dejó seguir cantando. Canto una canción más, y vuelve a hablar.
"Lo haces bien".
"Gracias -consciente de los muchos errores de interpretación musical que acababa de perpretar, no pude evitar agregar- pero no soy muy bueno que digamos..."
¡Para qué! Empezó a discutirme, con toda la bronca, que si él decía que algo estaba bien, lo estaba, etc etc... Terminó yéndose furioso con su tambaleante paso y sus ojos vidriosos farfullando cosas inteligibles.
Yo... seguí tocando.

Tu canción favorita

Nuevamente en el escenario de la parada de micro del 102 en la plaza Independencia. Nuevamente muy de noche y yo tocando la guitarra, combatiendo el aburrimiento. Estaba tocando mis canciones favoritas, y recibía miradas alentadoras y pulgares sonrientes de las pocas personas que habían. Un hombre se me acerca a darme algunos consejos de interpretación, etc etc. Habla de ondas y mezcla teorías de reiki básico con Einstein. En eso canta un cachito de La Colina de la Vida para ejemplificar, y, un pendejo de veintilargos, rehecho mierda y con los labios morados de vino, se pone a corearlo con la voz áspera y retumbante de quien toma más alcohol del que su organismo puede soportar.
Yo retomo mi repertorio, y el sujeto ebrio, de sentidos profundamente confusos, parece creer en una maravillosa simbiosis: Cree que yo toco todas sus canciones favoritas. Cada canción que yo tocase, fuese cual fuese, él la cantaba por encima con su canción favorita.
Debía pensar algo así "cómo sabe este tipo!". Y así siguió, cantando Sumo, Guns & Roses, Viejas Locas, sobre Sui Generis, Pastoral, Spinetta...
Confieso que al final yo seguía tocando nada más porque me parecía gracioso...

Ojos que no ven, hipotálamo que no siente

Recuerdo también, en esa misma parada, también yo con mi guitarra, la ocasión en que llegó un tipo muy turbado en compañía de dos muchachos ciegos. Me los encarga para que les avise cuándo llega su micro y sale apurado, en parecer aliviado por desprenderse de la dura carga de la sociedad.
Bien, el pedo atómico que se cargaba uno de los dos cieguitos, un pesado total, era tan increíble que es difícil relatarlo. No paraba de reírse, cada dos palabras decía estupideces, insultaba o hacía chistes negros sobre ciegos, y culpaba al otro de llevarlo por el mal camino. ¡Quemaba la cabeza! Confesaba haber tomado vino de caja hasta vomitar, haberse fumado cuarenta porros que le cayeron mal y luego poclamaba que no era su culpa. El otro pibe, cortés, se disculpaba y buscaba charla. Me contaba que estudiaba, que también tocaba la guitarra, que tenía esperanza en un transplante de cornea. El otro seguía mandándose cagadas. Un ciego tan absolutamente bien parado que se daba el gusto de cagarse de la risa de todo. Cuando jodía mucho las bolas y el otro lo mandaba a la mierda, se iba a recorrer la plaza y pedía monedas a la gente en nombre de algún centro para ciegos al que no pertenecía. Luego se pelearon mal, y el pibe sensato le cantó sus cuarenta verdades, lo trató de cobarde y negado, que se cagaba de risa de todo porque era un resentido y que estaba para el orto que se cagara en el esfuerzo de su familia por darle todo para que salga adelante. Se pelearon hasta odiarse y luego se reconciliaron...
Cabe decir que eran como las cuatro de la mañana y yo esperaba el primer micro de la madrugada.
Cuando llegó, me despedí y me subí con la fatiga de cuarenta días sin dormir... Qué manera de decir boludeces ese pibe! Todavía me acuerdo de cuando empezó a improvisar letras mientras yo tocaba la base de la bamba, cómo me cagué de risa.

En fin, mi guitarra es un imán de borrachos, y nada que hacer...

Yo me río más de lo que me indigno!

Salú,
Jota

sábado, 25 de octubre de 2008

Si lo sabe, aprenda a cantar!

Tapitas

Sigo en la neurótica recolección de tapitas, para el Notti, donde según parece las cambian por fondos para pagar las quimioterapias de los chicos menos afortunados. Si ser pobre es ser poco afortunado encima imagínense teniendo cáncer. Bien, un poco de ayuda en lo mínimo que se pueda para esos pobres peladitos; les diría que todos los que puedan hagan lo mismo que yo, junten esas tapitas de gaseosa de las botellas que compran, o recójanlas si las ven en el suelo, o donde sea. Esa pavada que para cualquiera de nosotros nos lleva un segundo puede ser una esperanza de vida para quienes ya no saben qué hacer para seguir teniendo esperanzas. Acuérdense: tapitas de gaseosa, Notti, esperanzas.

No sean chantas, no les cuesta nada.

Borrachera


¿Qué cuentan de las borracheras? Suelen ser momentos de desinhibición en los que uno -se supone- hace lo que nunca haría y demuestra que los instintos todavía están en algún lugar aullando y dispuestos a hacer fiesta y desgarros (...). Pues bien, hace unas semanas me puse en pedo por primer en mi puta vida, y, borracho y todo hasta la tuerca, en una fiesta de nulas luces, descontrol y ulalá, mi primer impulso al ver una chica borracha y casi inconsciente... fue cuidarla hasta que se repuso y cuidar que nadie la viole.

Sí, eso hice. Qué asco de borracho. La comunidad borrachil tuerce la boca cuando siente mi nombre. (En fin, la comunidad borrachil tuerce la boca hasta cuando nadie dice nada... afaxia!)

Coro

Ligeros progresos en el coro, ya he cantado en tres presentaciones, empiezo a entonar mejor y a respirar como la gente. Aunque cabe decir que en la última presentación me mandé varios mocos horriblemente sonoros, pero no pienso dar detalles.

Hace unas semanas viajé a San Rafael y conocí mejor a todos los coreutas. Para bien la mayoría... Para mal algunos. Las leyendas de los puteríos en los coros es cierta. Por fortuna es un grupo excelente en su mayoría.

Pero en general es un grupo bastante lindo y soy feliz de estar ahí, y sobre todo -la parte más importante- de consumir música.

Bigote

Mi adoradísima banda Bigote volvió a tocar hace unas semanas, después de un silencio bastante largo. No saben la ilusión que me había hecho. Pero, ¡oh, malvado heraldo!, el recital -donde tocaron varias bandas- fue realizado por un inepto que puso más entusiasmo que trabajo y esfuerzo, y organizó un recital de bandas como si fuera un fogón.

Lo malo de esto, aparte de que se acabaran las empanadas antes que yo llegara, y que estuviera lleno de pseudo artistas conformistas, fue que al momento de tocar Bigote ocurrieron cualquier cantidad de desastres técnicos: no habían entradas en línea para las guitarras, las luces se apagaban, los sonidistas eran unos inútiles, los parlantes tan truchos que se acoplaban para luego anularse entre sí dejando solo uno sonando, bue... ¡mil cosas les pasaron a los pobres muchachos de Bigote! Pero con todas las pelotas y la buena onda que se pueden tener, tocaron más de lo que cualquiera lo hubiera hecho en un caso así. Y al final, cuando decidieron dejar de tocar y no concluir su parte -cuando los desperfectos ya eran demasiados- lo anunciaron con toda educación y elegancia.

Todo conflicto que siguiera creo que no concierne para ser relatado, pero vale decir que lo que son esos pibes en calidad de músicos y en calidad de personas merece ser aplaudido, ovacionado, admirado y querido.

Y sobre todo les agradezco que me consideren un amigo.

Piano

Empecé las tan ansiadas clases de piano el martes pasado. Muchísimas ilusiones, se imaginarán, y será algo a lo que le pondré pila hasta que me sangren los dedos.

Estudio gráfico

El estudio gráfico que empecé a conformar con unos amigos, a quienes cariñosamente llamo los jefes, empieza a prosperar y me alegro mil. Se esfuerzan muchísimo, y en la medida que puedo intento estar a su altura con mis ilustraciones. Un chivo por acá:

http://usuarios.advance.com.ar/triskel/

Folixa

Grupo Mendocino de música Celta. Lo vi anoche -noche de sábado-. INCREÍBLES. Los recomiendo, son músicos excepcionales todos, con todas las letras, y encima le dan una vida increíble a todo lo que tocan. Me faltan palabras para describirlos, así que simplemente esto: síganlos, véanlos y escúchenlos.

15 años

Luego de anunciarme una señora con su hija que quería hacerle una caricatura para poner en la puerta de su fiesta de quince, la nena, hablando de cualquier otro tema, se le ocurre preguntarme "vos qué edad me das a mí?"

Sí... grillos.

Idiota

Cuando conocés a alguien te reilusionás y todo se ve relindo. Se sigue. Termina todo mal, sufrís como choto y renegás. Pero...

Cuando conocés a alguien te reilusionás y todo se ve relindo. Se sigue. Termina todo mal, sufrís como choto y renegás. Pero...

Cuando conocés a alguien te reilusionás y todo se ve relindo. Se sigue. Termina todo mal, sufrís como choto y renegás. Pero...

Y se puede seguir así eternamente, pero...








Y juro que deben haber miles de temas más, fruto de mis últimas vivencias, pero, ¡oh, por dios, no me los acuerdo!

Salú,
Jota

lunes, 22 de septiembre de 2008

Romance del bufón y la reina


(El Rey está en su trono, junto a su consejero)

Rey: ¡Juglares! ¡Bufones! ¡Esposa! ¡Alguien que me entretenga!

(aparece el bufón)

Bufón: Permítaseme, su majestad, ¿su merced requiere un cuento que venga a cuento?
R: Claro, un buen cuento siempre es bueno.
B: ¿Por qué la gallina cruzó el castillo?
R: Bufón, tu pregunta me deja anonadado: Hazme saber la respuesta pronto o haré que te corten la cabeza.
B: ¡Porque quería cruzar al otro lado!
R: ¿Me tomas por tonto? ¡Guardias!

(los guardias se llevan al bufón)

R: Consejero ¿anotaste la pregunta?
Consejero: Por supuesto, su majestad.
R: Bien, encárgale al monje que de con la respuesta.
C: Okeys.

(aparece la esposa)

Esposa: ¿Llamabas, esposo mío?
R: Sí, sí, esposa mía, un fuerte sentimiento de soledad me derriba. A tal razón busco una solución. Como fiel esposa ¿podrías proporcionarme una?
E: Eh... Puedo contarte un cuento que viene a cuento.
R: Lo cual encontraré muy satisfactorio, ya que el bufón no lo hizo.
E: ¿Qué sale de la cruza de un elefante y un mosquito?
R: Una buena pregunta a la cual no hallo buena respuesta. Por favor, otórgamela, esposa mía.
E: No lo sé, pero si te pica te va a doler.
R: ¿Es esto una amenaza? ¡Guardias, llévensela con el bufón!

(los guardias se llevan a la reina)

Y tú, consejero, has que el monje encuentre la respuesta a esa cruza. Que consiga un elefante y un mosquito si es necesario.
C: Okeys.

(aparece el juglar)

Juglar: ¿Llamaba, su majestad?
R: Sí, sí, buen juglar, pídote, soluciona mi aburrimiento con uno de tus hermosos romances. Y nada de preguntas ¿eh?
J: S-sí, sí.
Valiente Rey de esta tierra
que a los moros expulsó
sin dar caso a lluvia o tierra
expulsóles con su olor.

Rey justo, santo y valiente
aplacaba su dolor
deseábamos verle alegre
no temer su mal humor.

El rey buscaba respuestas
-respuestas no tengo yo-
ni el bufón, menos la reina
que al calabozo los mandó.

En plumas cruzó el castillo
¡la gallina lo cruzó!
Y al elefante y al mosquito
el buen monje los cruzó.

La buena reina encerrada
al bufón lo cautivó
no resistió verla apenada
y sobre ella se lanzó.

Ella lo tomó a buen grado
y a la idea se prendió-
Cada cascabel prendado
en buena armonía sonó.

Al bufón y reina siento
que el destino los cruzó
pero eso no viene a cuento
el cuento al rey no gustó.

R: ¡Guardias!

(los guardias prenden al juglar)

J: Parece que entré en un lío
con bufón y reina voy
espero entrar ahora en trío
mirar nunca me gustó.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Entrada a base de calvicie de ideas...

Qué tal? Hace semanas que no posteo, así que para que no se olvidaran de mí y despegaran todas mis fotos de sus paredes, les dejo una nueva entrada que, a falta de material nuevo, se basa en un cuento viejísimo, infantil, que una vez escribí para el Tintero, cuando trabajaba ahí...

Salú,

Joan



Carlitos y el alargador


La madre de Carlitos había vuelto del supermercado con, entre otras cosas, un cable alargador. Mientras se disponía a guardar todo lo que había comprado, le dijo a Carlitos:

—Carlitos, probá el cable alargador mientras yo guardo todo.

—¡En un segundo! —exclamó entusiasmado Carlitos.

Corrió hasta el cable alargador, sin saber siquiera lo que era. Y le pareció muy extraño. Era como el cable del televisor, la batidora o la computadora. Tenía una ficha con dos patitas para enchufar. Pero del otro lado, en vez de tener un televisor, una batidora o una computadora, tenía otra ficha, con agujeritos en vez de patitas.

—Curioso… —se dijo Carlitos— ¡Mamá! ¿Para qué querés que enchufe un cable que no tiene ni televisor, ni batidora, ni computadora en la otra punta?

—Mirá que sos salame, Carlitos —le dijo cansinamente su madre— ese cable se enchufa al cable del televisor, la batidora o la computadora con la ficha que tiene agujeritos, y con la otra que tiene patitas se enchufa a la corriente. Y así el cable es más largo. Por algo se llama cable alargador, salame...

Asintiendo penosamente, Carlitos fue a probar el cable. Lo probó con el televisor, la batidora y la computadora y con ninguna anduvo.

—¡No anda, má! —le gritó Carlitos a su madre— ¿qué hago?

—Pedile a los vecinos que lo prueben. Sino anda vamos a devolverlo.

Y Carlitos fue a lo de los vecinos. El primer vecino fue José Mancuerna, y era entrenador físico. Tomó el cable alargador de cada extremo con las dos manos y lo usó para saltar la cuerda. Luego de saltar impecablemente cincuenta y siete veces (ni una más, ni una menos) se lo devolvió a Carlitos con rostro sonriente.

—Funciona perfectamente —le dijo con ojos brillantes— ¿Podrías prestármelo de vez en cuando? ¡Es el mejor cable alargador que nunca he usado!

Carlitos luego fue con Abú Bombal y le pidió que probara el cable. Abú lo probó de la siguiente manera: Sacó una flauta enorme, se sentó a lo indio en el suelo, y comenzó a tocar. El cable alargador se comenzó a mover solo, y, para sorpresa de Carlitos, empezó a bailar la conga. Abú Bombal guardó la flauta, y le devolvió el cable alargador a Carlitos, con aire solemne.

—Realmente es unos cables alargador de excelentes calidad —le dijo a Carlitos, en el mejor castellano que pudo lograr— Úsalos con honor. Adiós y buena fortuna.

Y Carlitos volvió a su casa. Le informó a su madre que el cable alargador que había comprado era una verdadera ganga, y se fue a jugar, convencido de que su madre, en realidad, no tenía ni idea de qué era un cable alargador.

FIN

jueves, 4 de septiembre de 2008

martes, 26 de agosto de 2008

Nueva entrada! (dicen que soy entrador...)

Una serie de situaciones me han llevado al singular y tragicómico drama interno, en el que mi faz piadosa y buena onda se ha peleado con mi faz encantadoramente malvada. La ráfaga de pensamientos fue larga, asertiva y acertada, y no puedo menos que convidarles un extracto, ya que, en el conocido drama del "amigo" que presta el "hombro para llorar" nunca viene de más una nueva toma:

"Obvio! ¿A quién más recorrería? Si soy alguien sensato... Creo que me estoy cansando de tener la miel correcta para aplacar la tristeza de cada abeja reina herida... Se metió en quilombos por elegir la flor más agresiva y más carnívora porque era tan linda, y después... vino toda masticada a quejarse...
¡Larga lista de nombres hay! Por favor... ¿No se creyó tan autosuficiente cuando entró bajo el ala del amor? ¿No creyó que era capaz de todo, de olvidarse de cualquiera? Uno fue lo mejor de su mundo hasta que ella encontró a ese ser soñado, indestructible, asertivo y perfecto. Se dejó llevar y se olvidó de pensar. Entregó sus sueños y el dulce de su cuerpo, para que aquel semi-dios que eligió tan orgullosamente le destrozara los sentimientos... ¿Y después a quién vino a lloriquear? ¿A quién vino a usar de psicoanalista? ¿A quién vino a contar su triste historia con el corazón en un puño?
A alguien sensato.
A ese al que dejó de lado cuando creyó que volar era solo agitar las alas.

Seré siempre el vástago de los naufragios más desastrosos, pero también más advertidos. Y la única y pobre recompensa es recibir frases huecas de comprensión ajena como "es lo más sensato que me han dicho" "cómo no me di cuenta antes" o "sos un genio, siempre te das cuenta"... ¡Para variar me hubiera hecho caso más seguido, y no solo después de que le hubieron pisoteado la arrogancia!

Bien. Ahora será cuestión de tiempo que vuelva una vez más lloriqueando de lo poco que encaja en el mundo, pero esta vez alguien sensato cierra sus puertas y niega su favor psicoanalítico a toda esa mina que se cree reina un rato y que después vuelve llorando con una corona de cartón pintado. La diversión de analizar los ridículos dramas que esos personajes lloran no alcanza para quitarme la bronca de la petulancia y el cinismo..."

Y con eso corto el extracto, porque es bastante lógico entender que lo único que puede pasar de aquí en adelante es que a) o se cierra el consultorio definitivamente; b) o sigue tan activo como si nada hubiera pasado...

O, como dijera el famoso poeta Antonio Sacalamano:

El ser humano perdió su instinto
la vara que mide falsea la cota.
Tontas que se compran con tintos,
tantas veces se venden a idiotas.

o bien, su más celebrada frase: "Todo depende de la falda con que se mida".

Neruda un poroto!

Salú,
Joan

martes, 12 de agosto de 2008

Dibujos para una revista del Sute...

Estos son una serie de dibujos que entregué hoy por encargo para una revista del Sute llamada "De Pie". Comprenden educación como derecho social que garantiza libertad; inclusión de personas con discapacidades mentales en la sociedad; los consensos políticos con la educación que son pura pantalla y una tapa sobre la inclusión de la educación en la política del país...

Salú!
Jota

martes, 5 de agosto de 2008

Bigote groso y bandas de cuarta

Bigote es una banda de acá de Mendoza que se la rebanca. He visto solo dos toques de ellos pero planeo seguirlos de cerca. Son unos tipos muy grosos que se suben al escenario (es un decir, porque sabemos que en los barcitos lo único que separa al escenario del público es que ahí no hay mesitas) dispuestos a divertirse y buscar lo groso en los últimos lugares que buscarían esos idiotas emo o rockers que se hacen los sublimes y se regodean con sus colchones de sintetizadores y su pseudo oscuridad... En fin! Bigote mezclan el folk con lo celta y algo de folclore de acá, pero de una forma muy grosa y muy consciente. Tienen una puesta en escena y un sonido practicamente impecable, y sus arreglos musicales son geniales, sobre todo si se tiene en cuenta que son tres guitarras y una voz (y un flautista invitado) y se encargan de llenar el espacio auditivo y no sobrecargarlos, llevando una armonía perfecta y unos arreglos algo así como Spinetta-Celta... Realmente son muy audibles!

Déjoles su espacio - http://www.myspace.com/mibigote - para que caten, y déjoles dicho también que el próximo 15 de agosto tocan en Oh Madrid (San Martín 1803) y la entrada sale 7 pesos. Yo caeré...

Y ahora despotrico contra tres bandas que vi hace unas semanas y casi me provocan una embolia: En un tres por uno, empezó la tortura con una banda punk-emo, donde había un guitarrista que parecía tocar arrodillado pero en realidad era una larva púber, que tocaba la guitarra con el entusiasmo y la habilidad con que lo haría un bebé de tres años, pero sin la misma alegría, porque era un emo; una bajista de dos metros (como el 90% de las bajistas) que solo sabía usar la cuarta cuerda; un baterista que a diferencia de los demás púberes tenía como cuarenta años (el cura de la iglesia decía yo); y la cantante... ¡la cantante! Loco, la mina era una pendeja con cara de profundo dolor eterno, que cantaba como llorando ¡en cualquier tono! y encima no se movía ni por puta de la octava que se le había metido en su boludo cerebro sitiado por toscanos en las orejas, la basura cantaba tooodas las canciones en el mismo tono y siempre equivocado, con letras que hablaban de cuanto sufría por más que tenía su ropa de cien mangos por pilchas, apoyo popular por graznar, gente que le lleve el apunte, y etc etc... ¡Odio la filosofía EMO!
Sigue la banda de metal pesado, que en verdad se la bancaban, pero el metal me parece harto repetitivo así que solo diré que bancaba escucharlos y verlos tocar pero me embolé al tercer tema...
Después la última banda: una "rock alternativo"... ¡Mierda, qué tendrán en la cabeza que creen que porque ponen a cada miembro de la banda a hacer algo complicado ya es un producto bueno! Todas las canciones parecían la misma, y era como que un ladrillo te pasara por el oído: un enorme bloque sin sabor que te pasa y lo único que hace es dejarte los ánimos embotados. El bajista que se hacía el regroso y que en un momento sacó un arco de violín y atacó la primer cuerda solo sabía usar la pentatónica, y pese a ser más soso que comer una tarta de acelga oliendo el asado de la casa de al lado fue lo que más llamó la atención... No había identidad y todos los temas parecían ser la base de algo que faltaba...

¡Aburrido!

En fin, ahora que laburando como hombre afro-americano pude comprarme un mp3 de cuatro gigas tengo a los redondos, sui, serú, la máquina, soda, pescado, invisible, celta, serrat, polly jean harvey, dresden dolls, queen, the cure, y toda aquella música que me hace vibrar la sensibilidad halagando el instinto de oír...

Salú!
Jota

lunes, 28 de julio de 2008

Venía yo...

Venía yo caminando por cierta calle reobscura, esa que suele encontrarse rodeada de los peores juntaderos de malvivir, esa que presagia con sus bellas sombras los más terribles crímenes... Venía yo caminando por esa misma calle hace unos diez minutos, desde la casa de Sole, que me intentaba consolar porque estoy al borde del colapso, cuando me pregunto a mí mismo -esperando la sabia respuesta que la da el yo que se la piensa-:
"Será seguro caminar por esta calle tan terrible?"
"Obvio! Acordate que sea donde sea, vos tenés una suerte increíblemente fantástica para no ser interceptado por ladrones o asesinos!"
"Oh, querido amigo, temo contradecirle: Dos veces me han asaltado a mano armada."
"Pero vea el patrón, mi querido energúmeno: En ambas ocasiones usted estaba en un estado de ánimo pésimo, y agobiado por los peores temores y--"

Sí, ambos, yo y mi voz de la conciencia, nos quedamos callados: Bien sabemos que estoy pasando por la parte más jodida de mi crisis existencial, luego, que me asalten y me maten, es lo más lógico!

Por suerte sólo tengo que esperar a que las tuercas en mi cerebro vuelvan a caer en el lugar indicado, y, entonces, solito se acabará el calvario de mortificaciones que el único y total propósito que tienen es devolver el equilibrio perdido a mi psiquis...

Salú!
Joan

viernes, 18 de julio de 2008

Oportunidades

I

Cuando esto le pasó tenía catorce años y medio. Él es el único que lo recordaba. Si lo llegaba a olvidar se perdería por siempre.
Según recordaba, era un sujeto de estatura baja, caminada poco elegante, increíblemente torpe; feo, muy feo y sin una gota de carisma. Las peores y más crueles cualidades innatas las tenía y en conjunto parecían aún peores. Él, naturalmente, se desvivía por mejorar lo que pudiera mejorar, pero habían cosas que no estaban a su alcance. Marcas de nacimiento que llevaría por siempre. Que la única solución posible sería nacer de nuevo.
Recordaba muy vívidamente desamores, descartes y desprecios, y cada recuerdo doloroso de aquello que ya no existía se volvía un rencor para recordar al ejercer la nueva línea de tiempo que le había tocado.
Esa tarde había salido increíblemente avergonzado de la escuela. Le había intentado tirar los filos a una compañera y sólo la había alejado más. Preso de la frustración, la tomó del brazo, la acercó a su cuerpo de un tirón, la rodeó con sus manos, y cuando quiso besarla le metió la nariz en el ojo. No debió haber existido ni un solo individuo en esa secundaria que no se hubiera enterado. Por eso fue fortuito ese fenómeno que causó que nadie lo recuerde. Que provocó que nunca pasara. Él recordaba esos catorce años y medio casi sin omisiones, todo muy vívido. Incluso la última caminata en esa vida, en la que iba a su casa, masticando la pésima suerte que le había tocado. Llevaba una angustia encima que lo iba a hacer explotar en cualquier momento, despertando un cierto matiz sociópata en su variable personalidad. Distraído con esos ánimos, vio, de pronto que una forma extraña se le acercó muy rápidamente y le pegó en la frente.
Luz.
Una sensación muy extraña. Muy extraña.
Cuando ya lo vio desde afuera pudo saber que fue un cable de la luz que se había descolgado y lo había electrocutado.

II

Se sintió feo estar muerto... Eso pensó al menos. Pero, si estaba muerto... ¿dónde estaba? Era algo y estaba en alguna parte. Y pensaba. Eso significaba que existía. Y si existía... ¡no era muerte! Pero tampoco vida...
Se empezaron a formar las cosas en su mente. Pasó instantáneamente de estar en esa cruel vereda a estar en una especie de vacío lleno de pantallas a su alrededor que se extendían por un largo corredor. En uno de ellos vio ese final que acabó con sus días aciagos. Miles de pantallas estaban dedicadas a él en ese momento. ¡Qué importante se sintió! Viéndolas, (muy contento, por cierto) notó que habían otras pantallas, provistas de un teclado, mostraban distintas características de su vida y persona. Él, ya que estaba allí, comenzó a modificar uno por uno esos archivos cósmicos sin el menor asco hasta atar el último cabo suelto. Modificó hasta el último detalle que se lo ocurrió para que lo que se mostrara en esas pantallas, y en cualquier otra que copiara la transmisión, fuera el hombre más perfecto y más apto para la supervivencia que haya tocado la tierra, contradiciendo con ésto la condición que lo había estado traumando tantos años. Fue en contra de su complejo.
Quién sabe cuánto tiempo pasó en esos corredores llenos de pantallas que generaban más y más pantallas, pero un día terminó con todas y se topó con una puerta. Por curiosidad insensata, porque se sabía casi-muerto, la abrió y miró por ella: Vio a su madre que estaba a punto de darlo a luz. ¡Eureka! Entonces se dio cuenta de que en el lugar donde estaba no había tiempo, que de alguna manera había quedado al margen de todo y se le estaba dando una nueva oportunidad. Que la única posibilidad de arreglar la desastrosa vida que había llevado hasta entonces era esa: comenzar de nuevo. Y quién sabe quién le estaba dando esa posibilidad.
Pegó un salto y de pronto se descubrió saliendo de su madre para ser recibido por una enfermera que lo miraba con ternura mientras un médico tironeaba su cordón umbilical con una tijerita sin filo.
Creció de nuevo viendo maravillado como, esta vez, era el bebé más hermoso, el pibe más lindo, el joven más apuesto. El mejor en todo. El más hábil. El más inteligente. Todas esas cosas que él había estado arreglando en aquel extraño corredor lleno de pantallas se estaban cumpliendo. Disfrutó dándose el gusto de ver que las chicas lo desearan. Se evitó pasar el mal trago de ser rechazado por esa muchacha a la que, en el tiempo que no existe, le metería una prominente nariz en el ojo. Esta vez no tenía la torpeza, no tenía esa prominente nariz y no tenía que luchar por la falta de cariño. Teniendo la posibilidad de elegir, eligió a otra mejor que se dejó llevar sin queja.
Siguió con una vida envidiable años y años, y todo lo que hacía lo hacía en base de lo que ya había hecho mal. Tenía rencores de cosas que nunca habían ocurrido, que solo le habían ocurrido a él, y se sentía superior, por ser el único que lo sabía, y por ser el único con ese privilegio. Todo le parecía perfecto.

III

Todo le parecía perfecto hasta que le llegaron los cincuenta. Hasta que comenzaron a aparecer ciertos signos inevitables de tiempo. Canas. Arrugas. Dolores... Vejez. Al instante reflexionó y recordó que a ese asunto no le prestó atención. ¡Estuvo en esos corredores y no le prestó atención! Tendría que haber elegido longevidad, ríos de telomerasa, una ancianidad de rosa eterna, que envidiaría Dorian Grey, pero en esa época no conocía nada de eso. Estaba envejeciendo y le parecía inconcebible.
Luego de meditarlo durante varios días, decidió que si solucionó ya una vez algo innato, podía volver a hacerlo. Se encargó de recrear la escena del cable de alta tensión y de golpearlo contra su frente.

* * *

Salió en los diarios, en la televisión, en la radio. Una de las personas más queridas del país se había suicidado con un cable de alta tensión al parecer sin razón alguna. Lloraron espécimenes de todas los géneros y edades. Era incomprensible y había dejado un gran hueco en un mundo. Nadie supo por qué.
Y él que pensó “... tontos”...
Ninguno de ellos podía saber que ya le había ido bien una vez. Ninguno pudo saber de aquel hecho que ocurrió anulándose a sí mismo y a todo un pasado. Era una genialidad que solo él sabía. De esas cosas que solo se saben por golpes de suerte.
Pero a él no se le ocurrió pensar en ningún momento que, en general, esas cosas no se repiten dos veces.
Por eso, dentro de esa cáscara carbonizada, esta vez fue el sin retorno.

FIN

lunes, 14 de julio de 2008

Nubes...

A palabras de una señorita muy simpática, dueña de un blog muy pecoso, me acordé de una canción que escribí hace algún tiempo...

Se las convido, y espero les guste, aunque lo bonito de esta canción suele evidenciarse en la música más que en la letra... en estos ratos solo tengo disponible las palabras que van de acorde en acorde.

Salud!
Joan

Nubetisa

Tirados, panza arriba,
sobre un pasto que, lejos
de ser relajante, pica

te encargás de encontrar
unos fatales bosquejos
en nubes que ves pasar...

¡Nubetisa,
eres como un oráculo:
te la pasas mirando nubes!
Nubetisa,
es un buen delirio
ver todo lo que descubrís...

Viste a la falsa tortuga;
un órgano sin teclas;
mucha gente sin cabeza;

Cuerpos juntos de amantes;
amos juntos en carpas;
¡flechas flechando transplantes!

¡Nubetisa,
querida bruja celta
te acompasas de ensueño y nube!
Nubetisa,
si una nube tapa a Sirio,
esa proeza te hace feliz...

Déjame, nubetisa,
acompañarte a volar:
Acompañarte y rozar
ese algodón...

Enseñame cómo hacerlo,
quiero dormirme en la galera
y despertar por el cielo.

Enseñame por dónde se sube,
quiero subir esa escalera,
y que me veás en una nube...

jueves, 10 de julio de 2008

Historia truculenta

Son curiosas las circunstancias diarias que se tornan fatales... Nadie que tenga por rutina caminarse dos cuadras de la parada de colectivo a su casa se pensaría que pudieran asaltarlo o matarlo...

Bueno, gilunes, tomen consciencia y pónganse las pilas. O ¡Alerta siempre!.

Bue, les escribí un relatito para que lean y tomen consciencia. Sí, sé que son muchas letritas y esos los pone nerviosos, pero bue, no sean pajeros y pónganse media pila, que no les va a doler mañana...

Cordialmente,

Joan

Asalto a media noche

Era una noche densa e inquietante...

Como personajes de una espesa pintura azulada obscura, se abrían paso dos figuras con pisadas desgarbadas, inseguras. Daban el aspecto de dos murciélagos flacos y tremulosos, intentando erguirse y pasar por persona.

Lenta y maliciosamente, ondeando sus atavíos al viento frío de la noche, las dos figuras alcanzaron a una tercer figura. Una tercer figuara anciana, destartalada, y con el temor en los ojos, ocultos en ese obscuro velo que envolvía todo...

Los pasos de los tres, acelerando a un ritmo proporcional, parecían un tamborileo perverso, truculento, invadiendo un silencio que se esforzaba por ser absoluto.

“Esto no puede terminar bien”. El viento parecía susurrarlo.

El aire era frío y sólido, costaba respirarlo. La calle era angosta y los muros altos. El temor crecía, y el anciano, pequeño y débil, parecía achicarse. Los dos seguidores, alternando miradas que iban del anciano a su compañero y de su compañero al anciano, juntaron sus cabezas, y, en tono de conspiración, comenzaron a discutir:

-Juan Carlos...
-¿Qué querés?
-¿Te fijaste si viene alguien?
-No viene naranja.

El anciano, escuchando la conversación, crecía en inquietud...

-Juan Carlos...
-¿Qué querés?
-¿Se ve flaco, no? Debiluchón...
-Sí... no creo que arme una escenita...

¿Flaco? ¿Debiluchón? ¿Acaso estaban hablando de él? El anciano comenzó a pensar que algo andaba muy mal con esos dos sujetos...

-Juan Carlos...
-¿Qué querés?
-Me olvidé la pistola...
-¿Qu--? Pero... ¿sos pelotudo?
-N-no... yo...

¿Una pistola? El anciano comenzaba a temer lo peor...

-Juan Carlos...
-¡Sos un pelotudo! ¡Venirte a olvidar la pistola! Mirá, si no te cago a trompadas es porque se puede ir el--
-Sí, ya sé, pero... ¿ahora qué hacemos?
-Y... lo golpeamos hasta matarlo...

Con esto último, el anciano decidió que había escuchado suficiente. Armándose de toda la adrenalina que venía juntando... salió rajando y se perdió en la noche. Los dos hombres se quedaron quietos, mirando la lejanía.

-Juan Carlos...
-¿Qué querés, ahora?
-Me parece que no servimos para esto de ser chorros...
-Tenés razón...
-¿Y si pedimos laburo en el McDonals?

Fin

jueves, 3 de julio de 2008

Glosario de momentos

La Voz

Lo juro: La voz de Polly Jean Harvey me da vuelta la cabeza. ¡Esa mujer me erotiza con solo cantar! Anteayer me bajé toda la discografía, y estoy al borde del coma lácteo.

La pelea

Yendo hacia la parada de micro, anoche, paso por al lado de una pareja de rockers peleándose, el tipo muy violento con la tipa. Pensando, para mis adentros, que es mejor no intervenir, sigo. De pronto un ruido de vidrio roto me hace dar vuelta, y veo que el tipo le había tirado una botella de cerveza a la tipa y la increpaba con bronca. Pego la media vuelta y le digo "Pará, flaco, ¿qué problema hay acá?". El idiota se tomó un segundo para mirarme con sorpresa, pero antes de que formulara un retruque ingenioso como "loco, qué te metés en mis cosas?", salta la mina y me dice, con bronca, "loco, ¿qué te metés?".

¡Idiota! ¡Me acerco a defenderla y lo defiende al idiota que la maltrata! En fin, le digo a voz en cuello al vago, que intentaba exponer su brillante punto de "es problema mío, qué jodés", que no sea idiota, que me acerqué para que no le hiciera daño a la mina, y remata, el imbécil, con un "si querés ayudar, dame uno diez para el bondi". Lo mandé a la mierda y me fui. Y la mina con su idiotez de defender a su macho se ganó el santo derecho de ser mujer golpeada. Después, cuando aparezca su cadáver golpeado y envuelto en bolsas en una acequia, que no se queje.

El crac

Invité a la pelirroja bonita del cyber a tomar algo, pero tiene novio. Fue un crac.

La fuga

Ayer tenía que hablar con mi jefe para negociar y ver si sigo en mi trabajo o no, y el idiota no se presentó. A la hora pasada, lo llamo y me dice que le fue imposible venir. ¿Por qué mierda no avisa?

Es un cobarde en fuga.

La guitarra

Hay clases de guitarra los lunes y los miércoles, pero yo solo voy los lunes. Ayer fui de improviso y como ni yo sabía que iba a ir, me equivocaba en todo.

La película

El martes fui a ver Persépolis al cine universidad. Esperaba que fuera una porquería impresionista y pseudo profunda, de esas que vuelven locos a los mediocres que creen que es genial todo aquello que de complicado no entienden, pero no, fue una película excelente. La recomiendo.

El toque

El sábado tocaba la banda de mi mejor amigo, que hacen cóvers de los Redondos, pero yo había quedado con unos amigos en ir a ver otra banda, que resultó ser un bodrio. Lo bueno era el baterista y el bajista, pero el guitarrista/cantante tenía menos onda que un enema de jabón en polvo. Subió a cantar un tema de PJ Harvey la novia de él (que cantaba con bien y con toda la onda, pero no le llegaba a los talones a Polly) y después de ellos otra banda donde el batero era un infeliz que no atinaba a más que golpes secos -y horribles- y el guitarrista/cantante era más deprimente que la biografía de un emo. El bajista se copaba un poco, pero igual... PUAJ!

Más a la noche todo es cualquiera, sube mi amiga a cantar, la novia del primer cantante está en pedo y se quiere cagar a trompadas con todo el mundo. Más temprano me encuentro con un amigo que venía con otro amigo de él y nos sentamos todos en la misma mesa, pero el amigo de mi amigo actuaba exultántemente golpeable, pero por diplomacia no pude ejercer puño.

La cumbia

Estaba tocando la guitarra en la parada del bondi (cuando estaba desierta, obvio) y llega una parejita de grasas, que según parece piensa enseñarme música: Ponen a sonar cumbia en su celular y se ponen a bailar como pelotudos. Si tienen una cultura estética y sonoramente horrible, están en su derecho, pero si quieren oficializarla ¡que se vayan a la mierda!

Los ojos

Es molesto que el jefe no sea culo de aparecerse en la oficina pero deje a su espía (y satélite de su secta) a vigilarnos. Sobre todo si la mina no sabe escribir, no sabe hablar, hace mal su trabajo, es estúpida, se las tira de reina del lugar y encima es refácil de torturar psicológicamente. No, pero ella es "sus ojos cuando él no está".

miércoles, 25 de junio de 2008

La gente es boluda y se ofende de nada, insulta, y eso me deja el humor por las pelotas.

Prometo empezar a putear más gente para no quedarme con la bronca cuando aparezca alguien idiota que se ofenda de nada, insulte y me deje con el humor por las pelotas.

Salú!
Joan

Y feliz año nuevo!

domingo, 22 de junio de 2008

Abandono blog

Ya me aburrió.

Salú,
Jota

viernes, 20 de junio de 2008

La esquina de los castigos

En el barrio Cadore hay una esquina que sobrepasa las expectativas de los más formales pasajeros. Formada por la calle Jenner y Cochabamba, esta esquina tiene algo de frío y algo de gris. Tiene un arco que la enmarca, que no es de piedra ni de hierro: Son dos árboles desgarbados, deformes por su propio peso, que entrelazan sus ramas y otorgan un módico e inútil techo.

Esta esquina, donde ocurren cosas bastante curiosas, ha sido apodada por los vecinos como "La esquina del castigo" o "la esquina de la vengaza".

Según se cuenta, esta esquina tiene la particularidad de conocer todos los secretos y todas las deshonras cometidas por todo aquel que descanse bajo su arco. Si robaste un chicle de un kiosco, o te apropiaste de las monedas que algún bolsillo resfriado abandonó en suerte en un asiento de micro, pudiendo devolverlas, la esquina lo sabe. Los ladrones y los idiotas más prepotentes, han aprendido a temerle, como nunca han temido antes a ninguna moral o a ninguna autoridad. La esquina desnuda sus almas, y les recuerda que todas sus fechorías y delitos están mal.

Y que el mal se paga.

La esquina del castigo, como se infiere por el título, no solo se limita a saberlo todo, sinó también a castigar de diversas formas las maldades de sus pasajeros. Cierto es que es una esquina justa, no como falsas esquinas del castigo, en barrios como El Unimev o La Madera, que en vez de juzgar la perversidad de un hombre, juzgan acciones antiestéticas, como meterse el dedo en la nariz, o acomodarse la entrepierna.

La esquina de Jenner y Cochabamba conoce la corrupción de las mentes, y sabe bien que una mente corrupta rara vez se corrompe sin ayuda de su propietario. Sus sentencias varían, y ya todos los vecinos de la zona saben que, dependiendo de qué tan grande haya sido el delito, tan terrible será la pena que la entidad angular disponga.

Se sabe, por las vecinas del barrio, la historia de un conocido bandido y asesino del Cadore, que huyendo tras haber anulado a una presa, fue víctima del 102 que volvía al control, doblando la esquina del castigo.

Cuentan también la historia de Doña Elba, la tuerta, que era aficionada a espiar por los ojos de buey de las puertas o por las ventanas, las disputas familiares de casas vecinas, o los turbios amoríos de los jóvenes del barrio. Una mañana, esperando el 125, para ir a la casa de su hermana, una rama le sacó el ojo, bajo el arco de la Esquina de la Venganza.

El Poroto era un pibe canchero en el barrio, que tenía la desagradable costumbre de orinar en la vía pública, arruinando permanentemente tanto paredes, puertas, plantas como árboles. Los vecinos no soportaban el penetrante olor a amoniaco de su orina, y más de una vecina desarrolló problemas de respiración en consecuencia. Al Poroto nunca le importó, porque prefería no esperar a llegar al baño. Decía que arruinaba la próstata. Una noche, esperando a un amigo en la esquina de Jenner y Cochabamba, se le ocurrió descargar sus fluídos renales en uno de los árboles. Le costó caro. Los árboles de la esquina del castigo son famosos por su fauna imposible, y una viuda negra encontró un blanco perfecto en aquel objeto que inundaba su morada. El Poroto sobrevivió, pero desde entonces solo orina sentado.

Son muchas las historias que se cuentan acerca de esta esquina, pero, por desgracia o por fortuna, nadie se ha molestado nunca en glosarlas. La presencia justiciera de su arco es una realidad, aunque los vecinos más juiciosos lo nieguen, y los justos saben que en ella encontrarán protección, tanto como los rufianes encontrarán la consecuencia de sus actos.

Nadie sabe su origen, ni el porqué de su actitud. Algunos quieren creer en un alma en pena, encerrada en el arco de árboles, buscando venganza por su muerte a manos de rufianes. Otros simplemente piensan que es una de las formas de regulación del universo, una de tantas defensas contra la maldad del mundo.

Sea lo que sea, su juicio es implacable. Piénsenlo bien antes de cobijarse en su sombra, porque solo el más justo de los justos podrá permanecer en ella y abandonarla en paz. Al resto, nos condena nuestra humanidad.

Salú,
Jota